ERTO como herramienta de flexibilización del gasto

Uno de los temas más importantes en el momento de diseñar un Plan para reanudar la nueva normalidad tras el COVID-19 es, sin duda, valorar como poder flexibilizar nuestros recursos humanos.

Nuestros equipos son el valor más grande que tenemos en las empresas y nos conviene poder mantenerlos y no perder ese capital tan preciado. Ahora bien, está claro que, a su vez, también es uno de los gastos, por no decir que es el gasto mayor, dentro nuestra cuenta de explotación. Como el proceso de recuperación de la actividad también será progresivo, hay que tomar medidas para que los gastos también sean flexibles para poder acompasar los ritmos.

Hay empresas que ya presentaron un ERTE por causa de fuerza mayor y que, de entrada, el día que se levante el estado de alarma se dará por terminado. Tanto en este caso como en el de la empresa que ha ido manteniendo la plantilla en base a otras medidas (compensación horaria, permisos retribuidos, etc.), ahora se plantea un nuevo escenario.

Hacer un ERTE por causas organizativas, económicas o de producción, no es una medida que atente contra nuestros trabajadores, al contrario, es una medida para proteger sus puestos de trabajo y poder unificar el ritmo de su trabajo y su reincorporación en función del ritmo de la actividad de la empresa.

Ahora bien, son medidas que hay que hacerlas de mutuo acuerdo con los trabajadores, tanto desde un punto de vista legal (es exigible un acuerdo con ellos), como desde el punto de vista de las relaciones dentro de la misma empresa. No son momentos fáciles para nadie, y los trabajadores también deben estar al corriente y saber cuál es la situación real de la empresa.

Es un momento de incertidumbre y las empresas no pueden dar certezas a sus equipos, pero la información y el compartir la visión y la situación ayuda a eliminar angustias y mantener las cohesiones internas, a pesar de que la situación sea adversa.

Por otra parte, son medidas a tomar con agilidad. Una de las habilidades importantes en estos momentos será la anticipación, el tomar acciones valientes y decididas. Y en muchos casos, ésta será, sin duda, una decisión que podrá preservar la salud presupuestaria de muchas empresas.

Eso sí, como siempre, hay que hacerlo bien. Hay que analizar bien la situación, valorar pros y contras, valorar duración y profundidad del ERTE y sus impactos, tanto los positivos como los negativos. No es una decisión fácil ni que se pueda tomar alegremente y hay, sobre todo, que estar bien acompañado en estos momentos.

La visión de un buen profesional debe ayudarnos, no sólo a hacer un expediente correcto desde el punto de vista técnico (que también es muy necesario) sino también a valorar su conveniencia y todos los aspectos que he comentado anteriormente. El éxito o el fracaso de una medida de este tipo no depende sólo del QUÉ se hace, sino también de CÓMO se hace.

Enric Rius

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